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La fantasía, la ciencia ficción y el cine de terror en Oriente Medio

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Alberto García Ballesteros [Febrer de 2021]

¿Qué hay de tu poder heróico? Deja que vaya delante de ti, Haz que tu boca me grite, “¡Avanza; no temas! Si yo cayere, habré conquistado nombradía: “Gilgamesh”, dirán, “contra el fiero Huwawa ha caído”. (Mucho) después que mi estirpe haya nacido en mi casa»

De la región de Mesopotamia y de la región que hoy conocemos como Oriente Medio en su sentido más amplio (MENAP) volverían a salir obras clave para los géneros de la ciencia ficción y la fantasía a lo largo de la Historia.

Así hablaba el héroe Gilgamesh antes de enfrentarse al demonio Humbaba, guardián del bosque de los Cedros. Cuatro mil años antes de que se crearan los universos fantásticos de Verne, Tolkien, Marvel o Ghibli, este poema sumerio escrito en lo que hoy llamamos Iraq, ya narraba aventuras de héroes con poderes sobrehumanos, monstruos, magia, viajes inimaginables y eventos apocalípticos. Considerada una de las primeras obras literarias de la historia, La Epopeya de Gilgamesh ha inspirado a grandes clásicos como La Iliada, erigiéndose como la precursora de los géneros de la ciencia ficción y la fantasía.

De la región de Mesopotamia y de la región que hoy conocemos como Oriente Medio en su sentido más amplio (MENAP) volverían a salir obras clave para los géneros de la ciencia ficción y la fantasía a lo largo de la Historia.

Las mil y una noches”, una recopilación de cuentos árabes y persas escritos a lo largo de varios siglos durante la Edad Media, es la que más impacto ha tenido en el desarrollo de los géneros de la fantasia, la ciencia ficción y el terror contemporáneos.

El Papiro Westcar es un ejemplo de cuentos mágicos del Antiguo Egipto, escritos hace más de 3000 años. Tiempo después, en el siglo II, el famoso escritor asirio Luciano de Samósata abordó la ciencia ficción a modo de sátira en su obra “Historia Verdadera”, donde se describen viajes espaciales, vidas alienígenas y guerras interplanetarias. La novela teológica “Theologus Autodidactus” escrita por el erudito de Damasco Ibn al-Nafis en el siglo XIII refleja temas propios de la ciencia ficción ya que aborda la resurrección, la generación espontánea o el apocalipsis alejándose de las explicaciones místicas y dotando la obra de una gran variedad de argumentos científicos.

Amman. Imatge de Edgardo W. Olivera (2015)

Sin embargo, la obra fantástica más universal del mundo musulmán, “Las mil y una noches”, una recopilación de cuentos árabes y persas escritos a lo largo de varios siglos durante la Edad Media, es la que más impacto ha tenido en el desarrollo de los géneros de la fantasia, la ciencia ficción y el terror contemporáneos. En sus páginas encontramos magia, fantasmas, maldiciones, viajes cósmicos e incluso robots. Grandes autores del género como Voltaire, Poe, H.G. Wells, Lovecraft o Stephen King han incorporado referencias directas a esta obra en sus libros.

El nacimiento del cine también estuvo ligado a “Las mil y una noches”; sin ir más lejos, el largometraje de animación más antiguo que aún se conserva es la maravillosa “Las aventuras del príncipe Achmed” (1926) de Lotte Reiniger, directamente inspirado en la obra. A medida que la magia de estos cuentos estimulaba la creatividad de grandes genios occidentales del naciente séptimo arte como Méliès en “Le Palais des mille et une nuits” (1905), Fritz Lang en “La tres luces” (1924) o Raoul Walsh en “El ladrón de Bagdad” (1925), también crecía la mirada orientalista en el medio cinematográfico y se hacía aún más evidente que en el siglo XX el género fantástico nacido en Mesopotamia había abandonado la región.

A mediados del siglo XX las industrias cinematográficas más importantes de Oriente Medio vivieron un par de décadas de esplendor en las que la producción y las cifras de espectadores eran muy elevadas. A pesar de ello, apenas se produjeron películas de temática fantástica, ciencia ficción o terror, géneros muy populares en aquella época en las industrias americana, europea y japonesa.

En Oriente Medio sin embargo, siguiendo la corriente de la época, los directores más talentosos y comprometidos se inspiraron en el realismo social del neorrealismo italiano, el lenguaje de la nouvelle vague francesa y en algunos casos en la épica del realismo soviético … Esta forma de entender el cine es la que ha prevalecido en Oriente Medio desde entonces dejando poco sitio para que las historias fantásticas puedan volver a la región

Cuando en 1945 se estrena la primera película de terror egipcia, “El embajador del infierno” dirigida por Youssef Wahbi, Hollywood ya llevaba más de una década produciendo películas de terror sobre momias egipcias con el extraordinario Boris Karloff a la cabeza. Las producciones de género en la región fueron pocas y se limitaron en su mayoría a copiar películas de Hollywood. Dracula se paseó por todo Oriente Medio, desde Turquía en “Dracula en Estambul” (1953) hasta Pakistan en “Zinda Laash” (1967). También surgió el género bautizado como “turksplotation”, películas producidas con presupuestos reducidos imitando a superproducciones de Hollywood (Capitán América, Star Wars y ET tuvieron sus versiones turcas: “3 Dev Adam” (1973), “Dünyayı Kurtaran Adam” (1982), “Badi” (1983) ).

A nivel internacional el cine de género no solo se limitó a la serie b, grandes directores como Kaneto Shindo, Stanley Kubrick, Aleksandr Ptushko o Roman Polansky se adentraron en la fantasía, la ciencia ficción y el terror. En Oriente Medio sin embargo, siguiendo la corriente de la época, los directores más talentosos y comprometidos se inspiraron en el realismo social del neorrealismo italiano, el lenguaje de la nouvelle vague francesa y en algunos casos en la épica del realismo soviético, alejándose de las comedias y los dramas simplones de la época dorada del cine árabe. Esta forma de entender el cine es la que ha prevalecido en Oriente Medio desde entonces dejando poco sitio para que las historias fantásticas puedan volver a la región de la mano de cineastas locales.

El renacimiento del cine en Oriente Medio encabezado por Irán en las últimas décadas ha favorecido la internacionalización de sus cineastas y la diversificación de sus propuestas. Aunque el cine de género sigue sin ser muy relevante en la región, en los últimos años se han vislumbrado pequeños destellos fantásticos con obras muy interesantes.

Cineastas iraníes y de origen iraní de la diáspora han sorprendido con sendas reflexiones sobre su identidad y la situación política del país a través de películas de terror. El caso más conocido es el de la hija de exiliados iraníes en USA, Ana Lili Amirpour, con su película “A girl walks home alone at night”, un western contemporáneo de vampiros en el que todos los personajes hablan en farsi. Aunque sus historias son más caprichosas que las de otros cineastas iraníes de la diáspora y su objetivo no es denunciar directamente al régimen de los ayatollahs, su cine no deja de ser muy provocador reflejando las ansias de libertad de la juventud iraní. Sus personajes femeninos rechazan ser víctimas; la protagonista de “A girl walks home alone at night” es una vampira que acecha las calles de noche en su monopatín, llevando un chador no por imposición sino por estética. Su siguiente película “Bad Batch”, protagonizada por grandes actores de Hollywood como Jason Momoa y Keanu Reeves, explora el sueño americano y su identidad como hija de exiliados de la forma menos esperada; con una historia de sociedades caníbales en unos Estados Unidos postapocalípticos.

Aunque el cine de género sigue sin ser muy relevante en la región, en los últimos años se han vislumbrado pequeños destellos fantásticos con obras muy interesantes.

Del otro lado del océano, en el Reino Unido, el director Babak Anvari, nacido en Irán, debuta con la película “Under the shadow”, una historia de fantasmas que transcurre en un apartamento de Teherán durante los años 80, con la fatidica guerra entre Irán e Iraq como telón de fondo. Anvari nacido en pleno conflicto como gran parte de los cineastas actuales del país, explora las heridas de esta guerra de una forma única y universal. Sorprendentemente, esta película fue incluso elegida para representar al Reino Unido en los Oscar.

Dentro de Irán, a pesar de la censura, varios directores han optado por adentrarse en el género. Mucho más modesta que las anteriores, pero no menos innovadora, “Fish and Cat” (2013) de Shahram Mokri, nos embarca en un viaje temporal en un solo plano secuencia premiado en Venecia.

El país que ha visto mayor producción fantástica en los últimos años es Turquía, aunque ciertamente menos interesada en reflexiones identitarias y más enfocada en un entretenimiento inspirado en el éxito de las franquicias de cine fantástico de Hollywood

El país que ha visto mayor producción fantástica en los últimos años es Turquía, aunque ciertamente menos interesada en reflexiones identitarias y más enfocada en un entretenimiento inspirado en el éxito de las franquicias de cine fantástico de Hollywood (Paranormal Activity, The Conjuring…). Sin embargo, es notable que la deriva autoritaria e islamista del gobierno turco y cierta parte de la población se ve reflejada en las raíces religiosas de la mayor parte de las películas de terror. Las series de películas sobre djinns (espíritus de la mitología islámica) “Dabbe”, “Semum”, “Musallat” y “Saccin” acumulan millones de espectadores en cines y en streaming en plataformas como Netflix. Del panorama turco cabe destacar al director Can Evrenol que causó estupor con su primer largometraje “Baskin” (2015), una obra muy violenta y estilizada sobre unos policías que se topan con una entrada al infierno. En su última película “The girl with no mouth” (2019) se atreve con un cuento postapocalíptico de fantasía protagonizado por niños.

Personalmente, es en el cine árabe dónde me he encontrado con obras más sorprendentes. Desde Arabia Saudí, donde la ciencia ficción del futurismo árabe de las inversiones, los acuerdos comerciales y los megaproyectos arquitectónicos convive con leyes medievales, nos llegó en 2019 “Scales”. Esta película, de la directora Shahad Ameen, narra la historia de un pequeño pueblo de pescadores en el que existe una tradición ancestral; cada familia debe entregar una hija a las criaturas marinas con las que conviven. Utilizando este escenario fantástico y lovecraftiano, Shahad Ameen ataca las costumbres patriarcales de Arabia Saudí y nos presenta una niña luchadora y conciliadora en el papel protagónico, pero también celebra su identidad con una película que es una oda a la cultura del mar en el golfo.

Personalmente, es en el cine árabe dónde me he encontrado con obras más sorprendentes.

Este tipo de cine árabe ya no es algo aislado, hace cuatro años se creó en Beirut el primer festival de cine fantástico del mundo árabe; Maskoon Fantastic Film Festival y han dado a conocer a muchos artistas árabes que rompen con los estilos narrativos tradicionales. Tuve el placer de descubrir este festival cuando se hermanó con el Festival Fantástico de Sitges en 2019 donde proyectaron el fascinante cortometraje “Last days of the man of tomorrow” (2017) de Fadi Baki. El protagonista es Manivelle, un autómata regalado por Francia al Líbano en 1945 que malvive en una casa abandonada de Beirut atormentado por su pasado. De forma única, el director retrata a un país de una gran riqueza cultural constantemente acosado por diferentes poderes extranjeros, diferentes formas de entender el progreso y destrozado por las luchas intestinas.

Este tipo de cine árabe ya no es algo aislado, hace cuatro años se creó en Beirut el primer festival de cine fantástico del mundo árabe; Maskoon Fantastic Film Festival

En el Festival Maskoon también estuvo la artista visual palestina Larissa Mansour, que es sin duda la que más me ha llamado la atención, por su compromiso con su pueblo pero sobretodo por la claridad de su reflexión al pasar de un ámbito más documental a explorar el género, el Estado nación y su propia vida a través de la ciencia ficción. Ella misma afirma que en el arte contemporáneo hay menos miedo a adoptar la ciencia ficción que en el cine, y aseguró que como mujer palestina siente un gran interés por ocupar un espacio (el del cine de ciencia ficción) dominado por hombres y grandes productoras de países desarrollados. Su cortometraje “In vitro” (2019) nos sumerge en un futuro distópico en una instalación subterránea bajo Belén donde científicos intentan recuperar la vida en la superficie. Actualmente está desarrollando el largometraje “Heirloom” expandiendo el universo fílmico de “In vitro”.

La cantidad de obras mencionadas no tiene tanta relevancia si consideramos el boom de espectadores y producción en Oriente Medio, o la producción de cine fantástico en otras regiones emergentes como Latino América o el Sudeste Asiático, pero nos confirman que se han abierto puertas que ya difícilmente se van a cerrar.

es más importante que nunca que sean cada vez más cineastas de Oriente Medio los que abracen lo fantástico para que sus identidades e historias que beben de miles de año de mitología no sólo sean un paisaje exótico de Star Wars o Dune

En todo el mundo y en Oriente Medio también, se siguen consumiendo mega producciones estadounidenses sobre la mitología de la región como “Noé” (2014), “Exodus: Dioses y Reyes” (2014) y “Dioses de Egipto” (2016), protagonizadas todas ellas por actores blancos de origen europeo. Próximamente Gilgamesh será convertido en un superhéroe de Marvel interpretado por el actor coreano-americano Ma Dong-seok. Es por eso que es más importante que nunca que sean cada vez más cineastas de Oriente Medio los que abracen lo fantástico para que sus identidades e historias que beben de miles de año de mitología no sólo sean un paisaje exótico de Star Wars o Dune sino que reflejen su diversidad, su riqueza cultural y nos sigan ayudando a reflexionar y expandir nuestro horizonte creativo.

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