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Cine kurdo y resistencia

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Alberto García Ballesteros [Gener 2020]

Este año, la pandemia del Covid-19 ha obligado a la industria cinematográfica a enfrentarse a dificultades sin precedentes. Festivales de cine de todo el mundo han sido cancelados y otros han adoptado un formato online. Entre ellos se encuentra el Festival de Cine Kurdo de Londres, que gracias a la ayuda de una campaña de crowdfunding, ha conseguido celebrar su undécima edición a través de youtube entre el 15 y el 24 de agosto.

A pesar de las dificultades, este año ha resultado ser muy exitoso, centrándose únicamente en cortometrajes y consiguiendo ofrecer uno de los programas más variados de su historia. Cortometrajes de todas las regiones de Kurdistán y de la diáspora, han sido acompañados por entrevistas y masterclass que han tenido un gran seguimiento desde diferentes partes del mundo.

este año ha resultado ser muy exitoso, centrándose únicamente en cortometrajes y consiguiendo ofrecer uno de los programas más variados de su historia.

No es la primera vez que la comunidad kurda se las ingenia para seguir enriqueciendo y reivindicando su identidad y su voz a través del arte a pesar de grandes dificultades, de hecho, la resiliencia de este Festival refleja las características y la propia historia del cine kurdo.

En 1926 se estrenaba la película que puede ser considerada como la primera expresión del cine kurdo, “Zarê”. Producida en la Armenia soviética y dirigida por el director armenio Hamo Beknazarian, este film celebraba las particularidades de la cultura pastoral kurda a la vez que reflejaba las dificultades a las que se enfrentaban como la pobreza, el tribalismo, la presión del poder militar central o la asimilación. Sin embargo, la película ha sido más bien considerada como cine armenio y, al igual que otros ámbitos artísticos y culturales del pueblo kurdo, los cineastas kurdos tardaron muchos años más en expresar su identidad a través de su trabajo.

De hecho, Yilmaz Güney, el director considerado cómo el padre del cine kurdo actual, siempre actuó y dirigió en turco. Nacido en una familia kurda en Adana (Turquía) triunfó cómo actor y director en la industria cinematográfica turca de los 50, 60 y 70. Su cine fue evolucionando de la mano de la sociedad turca de la época. Sus roles de gángster fueron dando paso a personajes que reflejaban a la sociedad más marginada del país: gente humilde, prisioneros, campesinos, obreros… Muy ligado al marxismo, su identidad kurda fue cobrando relevancia en su discurso a medida que su compromiso con la izquierda militante de Turquía se consolidaba.

El director de cine Yilmaz Güney

Su talento le granjeó la admiración de Turquía y la comunidad internacional, pero sus posturas políticas le llevaron a la cárcel y al exilio. Güney no dejó de escribir durante sus años de prisión y, con la ayuda de otro director, dirigió desde su celda varias de sus películas más aclamadas, entre ellas “Yol” (1983), ganadora de la Palma de Oro en Cannes. Tras escapar de prisión y huir de Turquía acabó muriendo en París en 1984.

Hoy en día su legado está presente en la obra de muchos artistas de toda la región, particularmente en los artistas kurdos. No es casualidad que entre los festivales de cine kurdo más reconocidos uno lleve su nombre (Yilmaz Güney Film Festival de Batman, Kurdistán) y los otros hayan bautizado a sus premios principales con su nombre. Es el caso del Festival de Cine Kurdo de Londres, que este año entregó el Premio Yilmaz Güney al Mejor Cortometraje a la obra “Two Ends of a Bridge” (“Dos Lados de un Puente”) de Muhammad Seyyid Yildiz, una historia sencilla de un vendedor ambulante de Estambul en la que subyace una dura reflexión sobre la identidad nacional y la violencia.

este año entregó el Premio Yilmaz Güney al Mejor Cortometraje a la obra “Two Ends of a Bridge” (“Dos Lados de un Puente”) de Muhammad Seyyid Yildiz

Entre los galardonados, tuvo especial importancia el homenaje al cineasta Mehmet Aksoy, en el corto documental “In the Heart of Raqqa”. Mehmet Aksoy un joven cineasta británico de origen kurdo, se sumó a las filas de las fuerzas democráticas sirias (SDF) en 2017 durante la campaña militar en Raqqa contra Daesh. Su labor al frente del aparato de comunicación de las SDF nos brindó una visión del frente de batalla diferente al amarillismo que nos ofrecían los grandes medios de comunicación internacionales. Retrató a todas aquellas personas que formaban parte de esta batalla con una humanidad y un cariño contagioso: desde las combatientes yazidíes hasta los civiles que se veían forzados a huir ante los disparos de Daesh y las bombas americanas, nos mostró también la importante labor de los médicos de la media luna roja kurda, los voluntarios internacionalistas o los mecánicos árabes. En septiembre de ese mismo año Mehmet Aksoy fue asesinado por Daesh durante una contraofensiva.

Entre los galardonados, tuvo especial importancia el homenaje al cineasta Mehmet Aksoy, en el corto documental “In the Heart of Raqqa”

El cine kurdo perdía así a una joven promesa y el Festival de Cine Kurdo de Londres, en particular, perdía a un gran amigo, ya que durante muchos años Mehmet Aksoy trabajó arduamente para sacar adelante este Festival. Muchas otras obras cargadas de belleza y simbolismo fueron exhibidas durante el Festival. Me gustaría poder abordar otras más más adelante, sobre todo aquellas que reflejan la interculturalidad kurda y el creciente rol de las mujeres.

El cineasta Mehmet Aksoy

De momento prefiero terminar recordando algunas de las reflexiones que me dejó Mehmet Aksoy durante las horas que pasamos juntos hablando en el frente de Raqqa. Las conversaciones solían llevarnos a discutir sobre la estrategia de propaganda de Daesh. Con cierta sorna, yo le recriminaba que Daesh conseguía que todo el mundo compartiera sus vídeos, particularmente los medios occidentales, consiguiendo así inflar su relevancia y atraer a más jóvenes marginados o sumidos en una crisis identitaria. A esto él respondía que la comunicación y la creación audiovisual del movimiento de liberación kurdo y en toda la región de Mesopotamia no iban a resonar de la misma forma en las redes y entre los grandes medios occidentales porque era un trabajo a largo plazo. Mientras los medios de Daesh se apoyaban en un discurso y unos símbolos que eran claramente una respuesta y emulación de los medios occidentales, en las montañas de Kurdistán y en el Norte de Siria la intención era redescubrir sus raíces y replantear un discurso que bebiera de 4000 años de historia y también mirara al futuro. Es decir que, mientras Daesh le daba la vuelta al discurso capitalista más violento para negar la existencia del otro, Mehmet defendía la propuesta de una alternativa a ese discurso, una en la que primara la coexistencia; en la que todas las identidades culturales se pudieran expresar y enriquecer entre ellas sin correr el riesgo de ser asimiladas.

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